Clary llegó a la tienda de souvenirs que el señor Ricardo tenía al final de la calle, quién al verla acercarse le saludó cariñosamente.
-Hola Clary. ¿Qué tal estás? ¿Cómo fue el primer día de clase? ¡Uy, qué perros tan monos! ¿Son tuyos?-le preguntó el señor Ricardo.
-Sí, los encontré ayer y decidí adoptarlos para tener algo de compañía. Venía a preguntarle si pasa algo por tenerlos en casa, porque cuando llegué usted no me dijo nada de que no pudiera tener mascotas. Y también quería saber si podía hacerme el favor de cuidarlos un rato para que yo pueda ir a comprar las cosas que necesito para cuidarles.-le dijo Clary al señor Ricardo.
-¡Por supuesto! Claro que puedes tenerlos, mientras que no hagan mucho ruido y ensucien las zonas comunes de los vecinos. Y no te preocupes, déjamelos aquí, los llevaré al patio trasero de la tienda y estarán súper cómodos.-contestó el señor Ricardo.
Clary le dio a los perros, que estaban atados con unas cuerdas que había encontrado por su casa, le dio las gracias y se fue hacia la parada de autobús para ir al centro comercial. No tuvo que esperar mucho el autobús, tardó escasamente 5 minutos, pero al subir deseó no haber subido a ese autobús. En el final del autobús estaba ese chico. "Es que se lo iba a tener que encontrar en todos los sitios ¿Cómo se llamaba? ¿Stef? ¡¿Qué más da?! No pensaba hacerse amiga suya, así que daba igual como se llamara."
Clary se sentó en un asiento que había libre en el principio del autobús y cuando fue a poner su mochila en el asiento de al lado, que estaba libre, alguien se sentó. Al principio, no se dio cuenta de que era él, hasta que él le saludó.
-¿Qué pasa? ¿Ya no saludas? Deberías hacerlo, el no saludar a alguien que conoces es muestra de mala educación- le dijo Stef.
-¿Conocerte? Yo no te conozco de nada. Simplemente es un chico muy pesado que no deja de acosarme.-le contestó Clary.
-Si me conoces. Si dices que te acoso, cosa que no hago, es que me conoces, poco, pero me conoces. ¿A dónde vas? ¿Y dónde has dejado a tus perros?-preguntó él.
-Eso a tí no te importa.-
-¡Qué mala educación! Así no se contesta a un amigo.-
-¡Tú no eres mi amigo!-le gritó Clary-Y ahora déjame en paz, no seas tan pesado.-dijo Clary levantándose de su asiento y bajándose del autobús, que estaba parado en ese mismo momento.
Clary estaba muy enfadada. "¿Es que ese chico no puede dejar de molestarme?" se decía una y otra vez. Enfadada pero tranquila de que a él no le hubiera dado tiempo de bajarse del autobús se encaminó hacia el centro comercial. Se había bajado un par de paradas antes, pero le daba igual, le apetecía pasear.
Clary compró todo lo que le hacía falta, hasta collares con plaquitas para poner el nombre de los perros, aunque aun no había decidido que nombre ponerles. Después de comprar las cosas recogió a los perros y volvió a casa. Nada más entrar supo que ella había estado allí. Su madre había estado allí, podía oler su colonia. Buscó por toda la casa, pero ya no estaba allí, pero lo que si había era una gran caja y una carta encima de su cama con su nombre escrito con la letra de su madre. Sí, no lo podía dudar, su madre había estado allí de nuevo.
Abrió la carta lentamente y vio que esta vez era muy corta, apenas unas líneas.
"Querida Clary,
Sé que estás estudiando arte, así que te he comprado un par de cosas que pueden serte de ayuda.
Con cariño de tu madre,
Amaia."
Clary abrió la caja, que estaba llena de materiales para pintar y esculpir. Había incluso un caballete. Con lágrimas en los ojos fue sacando de la caja todo lo que había, hasta que encontró algo que no se esperaba: una foto actual de sus padres.
CONTINUARÁ...
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