sábado, 6 de agosto de 2011

Capítulo 9: Sentimientos que nacen

-¡Por fin me dices tu nombre!-le dijo Stef.-Creí que no querías saber nada de mi.

-Y era así, pero bueno, hoy se puede decir que me has salvado ¿no?-contestó Clary.-Por cierto,¿Dónde están mis perros?-

-Están en tu cuarto de baño, estaban muy nerviosos así que los metí allí.-

-¿En mi cuarto de baño?¿Estamos en mi casa?-

-Si. Cuando te desmallaste pensé que lo mejor era traerte aquí. Cuando llegue al portal, tu casero me abrió la puerta y me ayudó a curarte. Ahora a ido a buscar a uno de tus vecinos, que por lo visto es médico, para que te reconozca, porque hemos estado bastante asustados-

Clary se recostó otra vez en la cama. ¿Había dicho que estaban muy asustados? ¿Él se había asustado porque no se despertaba? A Clary le gustó la idea de que él se hubiera preocupado tanto por ella. Nunca había habido ningún chico que se preocupara por ella, ni siquiera se fijaban en ella, era invisible para el sexo masculino.

¿Pero qué estaba diciendo? No conocía a Stef de nada, y ahi estaba ella, alegrándose de que se preocupara por ella. ¡Pero era tan mono!

-¿Estás bien?¿Por qué me miras así?-le dijo Stef sacándola de sus pensamientos.

"¡Oh no!" pensó Clary poniéndose colorada. Mientras estaba enfrascada en sus pensamientos se había quedado mirando fijamente a Stef.

-No, nada.- Contestó Clary avergonzada.

Stef miró a Clary y le iba a decir algo, pero en ese momento llamaron a la puerta y Stef fue a ver si era el vecino de Clary que era médico. Lo que Clary no vio fue que Stef iba sonriendo. Le hacia gracia que Clary se sonrojara porque el se había dado cuenta que ella se había quedado mirándolo. "Menos mal que ella no se da cuenta de como la miro yo" pensó Stef, que sin darse cuenta e, incuso, sin conocer a Clary, se sentía fuertemente atraído por ella. Pero no podía tener esos sentimientos por ella. Él había ido allí porque tenía una misión, después de la cual se iría y no volvería a verla, así que no podía sentir nada por ella.

Stef abrió la puerta y vio que era el señor Ricardo, que volvía solo.

-Señor Ricardo ¿No había ido usted a por un médico?-

-Sí, pero no estaba en su casa. ¿Cómo está Clary?-

-Estoy bien, así que no hace falta ningún médico.-Dijo Clary, y viendo que Stef y el señor Ricardo iban a hablar continuó hablando.-De verdad, estoy bien. Gracias a los dos, pero me apetece estar sola, darme una ducha y dormir.-

Él señor Ricardo se fue a su casa, pero Stef se quedó alli, entró en su casa y cerró la puerta tras de si.

-Lo siento, pero no pienso dejarte sola.-Le dijo Stef empujándola hacia el cuarto de baño.

Clary vio que no servia de nada pelarse con él, pero en vez de dejar que la empujara hacia el cuarto de baño, lo esquivo y fue hacia su cama para coger algo de ropa que ponerse después de ducharse, ya que su ropa estaba bastante sucia.

-Puedes ver algo en la tele si quieres mientras me ducho.-Le dijo a Stef un tanto mosqueada. No le gustaba que le impusieran las cosas sin preguntar su opinión. Pero, aún así, le gustaba la idea de que él estuviera allí con ella.

Clary entró en el cuarto de baño, sacó a los perros, ató sus correas al pomo de la puerta del cuarto de baño por fuera y cerró la puerta. Se miró en el espejo y vio que estaba hecha un desastre. "¡Dios, estoy horrible!¡Y él me ha visto así!", pensó Clary. "¿¡Pero que estoy haciendo!? Estoy en mi casa con un chico que no conozco de nada y me preocupa mi aspecto".

Clary fue hacia la puerta y corrió el pestillo. Creía que Stef no sería capaz de entrar en el cuarto de baño mientras se estaba duchando, pero dado que no lo conocía, no pensaba correr ese riesgo. Después, se quitó la ropa y se metió en la ducha, y fue entonces cuando se dió cuenta lo cansaba y lo dolorida que estaba.

En ese momento escuchó un ruido, y los perros empezaron a ladrar, lo que la hizo salir de sus pensamientos y volver a la realidad. "¿Qué es lo que esta pasando ahora?" Pensó mientras se reliaba en una toalla y salia del cuarto de baño.

Al salir, se quedó pasmada. Stef estaba en el suelo, inconsciente, y en la ventana había un hombre enmascarado que sostenía la foto que ella tenía de su familia mientras la miraba con odio. Acto seguido, el hombre desapareció, y ella fue a ver si Stef estaba bien.

CONTINUARÁ...

sábado, 21 de mayo de 2011

Capítulo 8: Las cosas cambian

Clary se pasó casi una hora sentada en el suelo con la espalda apoyada en su cama y mirando la foto de sus padres. Ellos estaban casi igual. Su padre tenía el pelo canoso y más largo de como lo tenía antes y su madre lo tenía más liso y más largo, pero lo seguí teniendo de un pelirrojo intenso.

Después de estar tanto rato mirando la foto, Clary decidió levantarse, coger una chincheta y clavar la foto en la pared que daba a la cabecera de su cama, así los tendría siempre cerca. Clary miró el reloj y vio que eran las 14,00 horas, así que empezó a sacar de las bolsas todo lo que les había a comprar a los perros, hasta que encontró los champús para perros y llevo a los perros al cuarto de baño para bañarlos. Como no eran muy grandes no le costó mucho trabajo bañarlos.

Cuando fue de vuelta a la habitación, se dio cuenta de que no les había puesto nombre, así que empezó a pensar en que nombres les podía poner. Tenían que ser nombres de macho, porque los dos perros eran machos. Al rato, se le ocurrieron los nombres: Keiho y Sushi. Eran los nombres que les iba a poner a los perros que su madre le había prometido que le regalaría por su 15 cumpleaños, y que no pudo regalarle por todo lo que pasó.

Cogió los collares, y después de escribir los nombres en las etiquetas que estaban enganchadas a los collares se los puso a los perros, que no se resistieron para nada. Le encantaban esos perros, para ser callejeros eran muy buenos.

Al pensar en que eran perros callejeros se dio cuenta de que podían tener alguna enfermedad, así que buscó las páginas amarillas para llevarlos a un veterinario. Encontró uno que estaba muy cerca de su casa y llamó para coger cita para esa misma tarde. Cuando le cogieron el teléfono le dijeron que si los llevaba en media hora le podrían atender, sino no daría tiempo, así que cogió a los perros y fue al veterinario inmediatamente.

El veterinario le dijo a Clary que los perros estaban sanísimos, y le tomó los datos para que siempre que los perros se pusieran enfermos fueran allí. Al salir de allí unos chicos intentaron robarle y en el forcejeo Clary cayo al suelo, se dio un golpe en la cabeza y se quedó inconsciente.
...

...
Clary entro en el piso detrás del señor Ricardo. El piso tenía el aspecto de un loft parisino por dentro. "¡Me encanta!" se dijo Clary. El dormitorio y el salón estaba todo en una misma habitación, es decir, no estaban separados por ninguna pared, sólo se intuía donde se separaban porque había un pequeño escalón, que tenía un pequeño tabique a media altura con una abertura para poder pasar al dormitorio. Antes de subir el escalón, estaba la cocina, que tampoco estaba separada por ninguna pared, sino que estaba separada por una barra americana.

-El cuarto de baño es bastante amplio. Está subiendo el escalón a la derecha.-le dijo el señor Ricardo.

Clary fue a verlo y le pareció que estaba bastante bien. Tenía una bañera bastante grande "¡Bien! ¡Podré darme un baño!" se dijo Clary. Después salió del cuarto de baño para decirle al señor Ricardo que se lo quedaba.
...

...
Clary se despertó aturdida y veía borroso. Lo primero que vio fue la cara de un chico que, aun viéndolo borroso, le sonaba.

-¡Menos mal que te estás despertando! Ya me estabas asustando.-dijo el chico.

"¡No puede ser!" se dijo Clary al darse cuenta de que el chico era Stef.

-Tranquila, esos chicos ya se han ido y he conseguido recuperar tu bolso.-le dijo Stef mientras Clary intentaba levantarse.-Tienes que esperar un poco, te he curado la herida pero te has dado un golpe bastante fuerte en la cabeza.-le dijo él.

"¡Qué dulce!" se dijo Clary sonriendo.

-¿Qué pasa?-preguntó él.

-Nada, no pasa nada.-contestó Clary un poco avergonzada. Algo en el interior de Clary pareció cambiar. Ya no tenía miedo estando al lado de Stef. "Él le había salvado, y alguien que la acababa de salvar no podía querer hacerle daño ¿no?" se dijo Clary mientras el también estaba pensativo. Le habían dicho que ella era una chica peligrosa, pero eso no podía ser, había algo que no encajaba.

-Por cierto, mi nombre es Clarissa Salvatore, pero puedes llamarme Clary.-

CONTINUARÁ... 

miércoles, 18 de mayo de 2011

Capítulo 7: Otro nuevo encuentro

Clary llegó a la tienda de souvenirs que el señor Ricardo tenía al final de la calle, quién al verla acercarse le saludó cariñosamente.

-Hola Clary. ¿Qué tal estás? ¿Cómo fue el primer día de clase? ¡Uy, qué perros tan monos! ¿Son tuyos?-le preguntó el señor Ricardo.

-Sí, los encontré ayer y decidí adoptarlos para tener algo de compañía. Venía a preguntarle si pasa algo por tenerlos en casa, porque cuando llegué usted no me dijo nada de que no pudiera tener mascotas. Y también quería saber si podía hacerme el favor de cuidarlos un rato para que yo pueda ir a comprar las cosas que necesito para cuidarles.-le dijo Clary al señor Ricardo.

-¡Por supuesto! Claro que puedes tenerlos, mientras que no hagan mucho ruido y ensucien las zonas comunes de los vecinos. Y no te preocupes, déjamelos aquí, los llevaré al patio trasero de la tienda y estarán súper cómodos.-contestó el señor Ricardo.

Clary le dio a los perros, que estaban atados con unas cuerdas que había encontrado por su casa, le dio las gracias y se fue hacia la parada de autobús para ir al centro comercial. No tuvo que esperar mucho el autobús, tardó escasamente 5 minutos, pero al subir deseó no haber subido a ese autobús. En el final del autobús estaba ese chico. "Es que se lo iba a tener que encontrar en todos los sitios ¿Cómo se llamaba? ¿Stef? ¡¿Qué más da?! No pensaba hacerse amiga suya, así que daba igual como se llamara."

Clary se sentó en un asiento que había libre en el principio del autobús y cuando fue a poner su mochila en el asiento de al lado, que estaba libre, alguien se sentó. Al principio, no se dio cuenta de que era él, hasta que él le saludó.

-¿Qué pasa? ¿Ya no saludas? Deberías hacerlo, el no saludar a alguien que conoces es muestra de mala educación- le dijo Stef.

-¿Conocerte? Yo no te conozco de nada. Simplemente es un chico muy pesado que no deja de acosarme.-le contestó Clary.

-Si me conoces. Si dices que te acoso, cosa que no hago, es que me conoces, poco, pero me conoces. ¿A dónde vas? ¿Y dónde has dejado a tus perros?-preguntó él.

-Eso a tí no te importa.-

-¡Qué mala educación! Así no se contesta a un amigo.-

-¡Tú no eres mi amigo!-le gritó Clary-Y ahora déjame en paz, no seas tan pesado.-dijo Clary levantándose de su asiento y bajándose del autobús, que estaba parado en ese mismo momento.

Clary estaba muy enfadada. "¿Es que ese chico no puede dejar de molestarme?" se decía una y otra vez. Enfadada pero tranquila de que a él no le hubiera dado tiempo de bajarse del autobús se encaminó hacia el centro comercial. Se había bajado un par de paradas antes, pero le daba igual, le apetecía pasear.

Clary compró todo lo que le hacía falta, hasta collares con plaquitas para poner el nombre de los perros, aunque aun no había decidido que nombre ponerles. Después de comprar las cosas recogió a los perros y volvió a casa. Nada más entrar supo que ella había estado allí. Su madre había estado allí, podía oler su colonia. Buscó por toda la casa, pero ya no estaba allí, pero lo que si había era una gran caja y una carta encima de su cama con su nombre escrito con la letra de su madre. Sí, no lo podía dudar, su madre había estado allí de nuevo.

Abrió la carta lentamente y vio que esta vez era muy corta, apenas unas líneas.

"Querida Clary,

Sé que estás estudiando arte, así que te he comprado un par de cosas que pueden serte de ayuda.

Con cariño de tu madre,

Amaia."

Clary abrió la caja, que estaba llena de materiales para pintar y esculpir. Había incluso un caballete. Con lágrimas en los ojos fue sacando de la caja todo lo que había, hasta que encontró algo que no se esperaba: una foto actual de sus padres.

CONTINUARÁ...

lunes, 16 de mayo de 2011

Capítulo 6: Yo soy Stef ¿Y tú?

Clary soñó otra vez aquella noche. Soñó con la noche en la que su vida cambió para siempre.
...
...
Habían conseguido entrar en la habitación. Cassandra y Damon estaban muy asustados, lloraban, y Clary intentaba tranquilizarlos.

-¿Clary quienes son esas personas?¿Por qué quieren hacernos daño?-preguntaban Cassandra y Damon una y otra vez.

-Son ladrones, simples ladrones. En cuanto encuentren cosas de valor para vender se irán y nos dejaran en paz, ya lo veréis.-les respondía Clary una y otra vez.

Clary no sabía cuanto tiempo habían estado metidos en el escondite del armario, sólo sabía que el tiempo se le hizo eterno, hasta que, de pronto, escuchó como los asaltantes se iban, escuchó un coche arrancar ruidosamente y después todo se acabó. Pensaba esperar un poco de tiempo antes de salir con sus hermanos de su escondite, pero empezó a oler a quemado y entonces supo que algo no iba bien.

Clary abrió lentamente la puerta del escondite y ya estuvo segura de que nada iba bien. Había humo por todas partes. Sin pensárselo dos veces, cogió a sus hermanos, los sacó del escondite y los tres salieron corriendo hacia la habitación de sus padres, que era la única habitación desde la que se podía salir al exterior sin tener que recorrer el resto de la casa, ya que desde la terraza había una especie de escalera desde la que podrían salir.

Les resultó muy difícil llegar hasta allí porque había mucho hubo por el pasillo, pero al final consiguieron llegar a la habitación de sus padres, y desde ahí ya les resultó más fácil salir, ya que Clary había salido al jardín desde allí muchas noches para ver las estrellas y pasear por el césped. 

Nada más terminar de bajar al jardín y después de ponerse a una distancia lo bastante lejos como para poder respirar, Clary se dio la vuelta para ver su casa, la casa en la que había pasado toda su infancia. Ella dudaba entre volver a entrar en la casa o no para ver si estaban sus padres, tenían que estar en la casa todavía porque jamás se habrían ido sin llevarlos con ellos. Cuando decidió que debía entrar en la casa o por lo menos acercarse para ver si oía algo, la casa explotó. Clary cayó de espaldas y no podía oír nada, sólo a sus hermanos llorando.
...
...
Clary se despertó sobresaltada, otra vez. Eran las 7,00 de la mañana. Había dormido poquísimo esa noche y estaba cansadísima, menos mal que ese día no tenía clase ni trabajo. Antes de empezar la universidad había visto que los martes no tendría clase, así que pidió en el trabajo que el martes también fuera su día libre en el trabajo.

Estaba pensando en qué podía hacer en su día libre cuando uno de los perros comenzó a ladrar, a lo que el otro le respondió con más ladridos. "¡Uf! Os había olvidado chicos" dijo en voz alta hablándole a los perros. "Hay tienes los planes para tu día libre, ir a comprar cosas para tus nuevas mascotas y ponerles nombre" se dijo en voz alta.

Clary se levantó, se duchó, desayuno y salió de su casa con sus nuevas mascotas. Cuando salió del portal, pensando en que nombre ponerles a los perros, se chocó con alguien, y al levantar la vista se sobresaltó. Era el chico que el día anterior le había estado siguiendo.

-Hola soy Stef ¿Y tú?- dijo el chico, y al ver que Clary no contestaba siguió hablando -Ayer nos chocamos en este mismo sitio y después de que salieras corriendo me di cuenta de que se te había caído esto-le dijo Stef tendiéndole su colgante.

¿Como podía ser? No se había dado cuenta de que lo había perdido.-Te seguí para dártelo, pero no te encontré. Después te vi en una de mis clases. Te volví a seguir pero te perdí otra vez, así que decidí volver a aquí para ver si te veía. Al final parece que he tenido suerte ¿no?-dijo riéndose.

-No tenías que haberme seguido, me asustaste.-dijo Clary, a la vez que salía andando.

-La gente suele decir gracias ¿Sabes?-dijo él.-Y ¿No vas a decirme tú nombre?-le preguntó.

-No. Mi madre me enseñó a no hablar con extraños-le contestó Clary, y se fue andando de camino a la tienda que tenía el señor Ricardo para pedirle si podía cuidar de sus mascotas mientras ella iba a comprarles cosas.

CONTINUARÁ...

viernes, 13 de mayo de 2011

Capítulo 5: La sorpresa de su vida

Clary entró en casa y nada más entrar supo que algo no iba bien. La ventana estaba abierta, y ella la había dejado cerrada, y había un olor extraño que no era capaz de definir.
Temía que hubiera alguien en la casa, así que cogió el bate de beisbol que le había dado el señor Ricardo y que estaba en el mueble que había al lado de la puerta. Recorrió toda la casa, en lo que no tardo mucho, para ver si había alguien, y vio que no había nadie, pero lo que si vio es que había un sobre encima de su mesilla. Se acercó lentamente y lo cogió. En el sobre ponía su nombre con una letra que reconoció al instante: era la letra de su madre.
Clary comenzó a temblar y el sobre se le cayó de las manos. -¡No puede ser, no puedes decir!-dijo Clary en alto a la vez que lloraba. Se sentó en la cama y, cuando logró tranquilizarse, cogió el sobre y lo abrió. La letra de la carta era la misma que la del sobre. Era la letra de su madre. Sabía que era imposible pero también sabía que era su letra. Clary leyó la carta.
“Querida Clary,
Mi niña, mi dulce niña. Sé que nada más ver la letra del sobre has sabido que era mi letra. Ahora mismo estarás pensando que es imposible que yo haya escrito esta carta porque morí el día antes del viaje a Londres. Para demostrarte que soy yo te diré la frase que te decía todas las noches antes de que te fueras a dormir: Buona notte mia dolce ragazza. Gli angeli ti guida a che fare sogni dolci (Buenas noches mi dulce niña. Que los ángeles te guíen para que tengas dulces sueños). Ahora sabes que soy yo, porque nadie, ni siquiera tu padre, sabía qué era lo que yo te decía antes de dormir.
Sé que después de leer estar carta y saber que tu padre y yo estamos vivos querrás encontrarnos para que te expliquemos cómo es posible que fingiéramos nuestra muerte y os abandonáramos. Lo tuvimos que hacer porque nos perseguían y la única forma de protegeros era hacer como que estábamos muertos. Sólo querían matarnos a nosotros, pero al estar vosotros todo el día con nosotros tendrían que mataros a vosotros también y no podíamos dejar que eso ocurriera.
Aunque fingimos nuestra muerte no creas que os abandonamos. Siempre velamos por vosotros. Teníamos a una persona de confianza en el orfanato cuidando de vosotros y pensábamos ir a por vosotros en cuanto pudiésemos, pero, en un momento de descuido, esa persona perdió de vista a tus hermanos y dejó que alguien los adoptara. Por eso no fuimos a buscarte, porque en cuanto supimos que habían adoptado a tus hermanos empezamos a buscarlo por cielo y tierra, hasta que descubrimos que estaban aquí en Sevilla, momento en el que le pedimos a la persona que teníamos en el orfanato que te hiciera llegar la información de que tus hermanos estaban aquí. Queríamos tenerte cerca, y lo hemos conseguido.
Ahora te pido que dejes de buscar a tus hermanos y que no empieces a buscarnos a nosotros. Es peligroso, y como ves, nosotros sabemos dónde estás, por lo que en cuanto sea seguro. Sigue estudiando como hasta ahora, que pronto, muy pronto, estaremos todos juntos.
Tu madre que te quiere,
Amaia”.
Clary no lo podía creer. Sus padres estaban vivos. ¡Vivos! Clary sintió la necesidad de salir a la calle a buscarlos, pero su madre había dicho que era peligroso, y si lo había dicho es que era verdad.
Clary no sabía qué hacer. Estaba triste y alegre a la vez. Todo el tiempo desde aquella noche había estado llevando un peso sobre sus hombros, el peso de vengarse y de encontrar a sus hermanos. ¿Qué era lo que tenía que hacer ahora? Con este pensamiento rondando por su cabeza, se metió en la ducha, una buena ducha siempre le relajaba.
Al salir de la ducha Clary miró el reloj. Había estado más de 45 minutos dentro de la ducha y le habían parecido escasamente 10 minutos. Después de vestirse y de lavar un poco de ropa, Clary decidió acostarse. No tenía sueño, pero tenía que descansar, tenía el cuerpo dolorido por culpa del día tan duro que había tenido.
Se metió en la cama y sacó de debajo de la almohada la foto que guardaba de toda su familia. Era la última foto que se habían hecho todos juntos. Clary empezó a llorar sin saber si de tristeza, de alegría o de frustración, y sin darse cuenta se quedó dormida.
CONTINUARÁ…

martes, 10 de mayo de 2011

Capítulo 4: Primer día de clases

Clary corrió todo lo que pudo, no paró hasta que llegó a la universidad y, sin saber cómo, llegó a tiempo a clase. Al llegar a la puerta de la universidad volvió a ver a los dos perros que hacía días que se encontraba por las calles. Daba igual a dónde fuera y que camino cogiera, esos perros estaban allí. Sin echarles más cuenta, entró en la universidad y se encaminó al aula donde tendría su primera clase.

Ese día sólo tenía 3 horas de clase y se le pasaron volando. Al terminar la última clase y ponerse de pie para recoger sus cosas, algo al final del aula le llamó la atención. Había un chico que estaba sentado mirándola fijamente, pero desde dónde ella estaba no podía verle bien la cara. Entre intrigada y asustada recogió rápido sus cosas y salió de la universidad.

Mientras andaba por la calle, se dio cuenta de que el chico que había estado mirándola en la clase la estaba siguiendo y que era el mismo chico con el que se había chocado al salir del portal de su casa. Un poco más asustada que antes, decidió darle esquinazo, así que empezó a andar más rápido entre los pequeños callejones. En los días posteriores a su llegada, había estado conociendo las calles cercanas a la universidad, a su casa y al bar donde trabajaba, así que conocía bastante bien esas calles.

A los 5 minutos ya le había dado esquinazo al chico, pero por si acaso se resguardo en el hueco de un pequeño portal desde donde se veía toda la calle por la que ella había llegado hasta allí. Al momento, vio llegar al chico, que pasó de largo. Esperó el tiempo suficiente para que, según su opinión, el chico estuviera lo suficientemente lejos como para que no la viera si salía de su escondite, salió rápidamente y se encaminó hasta el pequeño parque donde almorzaba todos los días antes de trabajar, esperando no encontrarse de nuevo con ese chico.

Al llegar al parque, se sentó en el mismo sitio que todos los días, en el césped apoyada en un árbol desde el que se tenían muy buenas vistas de todo el parque. Mientras comía empezó a pensar en el chico que la había estado siguiendo. Sabía que lo había visto antes de que se hubieran chocado esa misma mañana, pero no sabía donde.

Cuando terminó de comer, y a pesar de que quedaban aun 2 horas para que tuviera que entrar a trabajar, se encaminó hacia su trabajo. Esa tarde y noche el trabajo estuvo tranquilo, y pudo cenar tranquila. Después de cerrar el bar le pidió a uno de los camareros que le acompañara a su casa.

Cuando llegaron a su portal, se despidió de su compañero y empezó a abrir la puerta. De pronto, se escuchó un crujido y Clary se volvió rápidamente. Lo que vio le hizo sorprenderse. Eran esos perros que siempre se encontraba.

-¿Otras vez vosotros?-Clary se rió y los acarició. -Pareceis hambrientos. Me parece que os voy adoptar, así no estaré tanto tiempo sola.-Clary abrió la puerta del portal y entró con los perros.

Ella creía que le había dado esquinazo, pero él era lo suficientemente bueno siguiendo a la gente como para que una simple chica se riera de él.

CONTINUARÁ...

miércoles, 4 de mayo de 2011

Capítulo 3: La primera mirada

Clary salió de sus pensamientos y desde dentro de la ducha se asomó para ver que hora era. "¡Son las 7:30!¡No puede ser!" se dijo a sí misma. Absorta en sus pensamientos como estaba, había estado casi media hora dentro de la ducha, y si no se aligeraba iba a llegar tarde.

Salió rápidamente de la ducha y del cuarto de baño, cogió unos vaqueros, unas deportivas y una de sus muchísimas camisetas y se vistió. A continuación, fue a la cocina y, mientras se calentaba la comida que cenaría por la noche en el descanso del trabajo, desayunó unas tostadas y un café. Por último, cogió todos los materiales que necesitaría para las clases de ese día, su uniforme del trabajo y su cena y lo metió en su mochila, que estaba debajo de su ventana.

Mientras lo metía todo en la mochila miró de refilón por la ventana, y cual fue su sorpresa cuando vió a su madre en la acera del edificio de enfrente. Pestañeó varias veces y ella ya no estaba allí. "Bien Clary, tu primer día de clase y vuelves a ver tus visiones, bien por ti" se dijo a sí misma. Habiendo cogido todo lo que necesitaba, buscó las llaves del piso, abrió la puerta y se fue sin saber que en el mismo instante en que ella cerraba la puerta ellos estaban entrando en su piso descolgándose por la azotea.
...

...
Cuando Clary se dió la vuelta se asustó al ver que el señor Ricardo estaba detrás suya.

-Siento haberte asustado Clary- dijo el señor Ricardo.

-No se preocupe don Ricardo, no pasa nada. Ahora pensaba pasarme por su piso para que me dijera que día tenía que pagarle los 200 € del alquiler-.

-¿El alquiler? ¡Pero si tu alquiler esta pagado para un año! Ayer llegó el cheque por correo certificado.- contestó el señor Ricardo ante la estupefacta mirada de Clary.

-¿Un cheque?¿Por correo? Eso es imposible, no puede ser.- Clary no se lo podía creer. Alguien le había pagado un año de alquiler.¿Quién podría ser?

-Pues llegó ayer- dijo el señor Ricardo -No pongas esa cara de extrañada, seguro que ha sido Marissa quien lo ha enviado-.

-Si, seguro que ha sido ella- dijo Clary sonriendo, aunque no muy convencida de ello. ¿Como podía haberlo pagado Sor Marissa?

Clary miró el reloj. Le quedaban 15 minutos para llegar a la universidad. Levantó la mirada para despedirse del señor Ricardo, pero ya no estaba. "¡Qué hombre más extraño!" se dijo Clary "Aparece y desaparece en los momentos menos esperados". Clary bajó las escaleras corriendo y salió a la calle. Si no se daba prisa no llegaría a la primera clase.

Al salir del portal se chocó con alguien y se le cayó la mochila. Al levantar la vista vio que era un chico moreno muy guapo. El chico le dió la mochila, le pidió perdón y se fue. Clary se quedó plantada en la puerta del portal. No sabía por qué, pero le sonaba muchísimo la mirada de áquel chico. Había visto esa mirada de ojos verdes en algún sitio, pero no sabía dónde.

Pensando aún en la mirada de aquél chico, Clary se dió la vuelta y se fue corriendo a clase. Al final, entre unos y otros, iban a conseguir que llegará tarde a clase.

Desde el final de la calle había alguien que la seguía con la mirada. El chico estaba extrañado. Le habían dicho que siguiera a esa chica. Le dijeron que era alguien peligrosa, alguien de quien no se debía fiar, pero esa mirada le era tan familiar, y no le parecía que fuera peligrosa. Al contrario, le parecía, por su mirada, una chica inofensiva, una chica triste, aunque, eso sí, que ocultaba algo.

CONTINUARÁ...

martes, 3 de mayo de 2011

Capítulo 2: Llegada a Sevilla

Erán las 7:00 de la mañana y Clary seguía llorando. Llevaba 2 horas sentada en su cama llorando. Clary miró el despertador y vio la hora que era.

Tenía que tranquilizarse. Era su primer día de clase y su primera clase, Historia del Arte Español, empezaba en 2 horas y aún tenía que ducharse, desayunar, vestirse y prepararse la comida porque hasta la noche no volvería a casa.

"Eso pasó hace mucho tiempo, ahora ya nadie puede hacerme daño y mamá y papá no querrían que llegará tarde a clase" se dijo Clary para tranquilizarse. Así que, haciendo un gran esfuerzo, Clary se levantó de la cama, se secó las lagrimas y se encaminó a su pequeño cuarto de baño.

-¡Esa es mi chica!- se imaginó que hubiera dicho su madre. Cada vez que Clary tomaba una decisión o hacía un esfuerzo se imaginaba que diría su madre y a veces, incluso, le parecía oírla en su cabeza, pero eso no era posible. ¿Verdad?

Mientras se duchaba, Clary pensó en el día que llegó a Sevilla, hacía ya un mes. Había sido un viaje bastante largo. Primero había tenido que coger un autobús desde el orfanato, que estaba en las afueras de París, hasta el aeropuerto (había sido un viaje de una hora en un autobus bastante destartalado, desde su punto de vista), después el avión desde París a Sevilla y luego un taxi bastante maloliente hasta la casa donde ahora vivía.

Al bajarse del taxi estaba bastante mareada. Había estado media hora metida en un taxi que estaba impregnado de varios olores, y ninguno de ellos era bueno. Se quedó un momento mirando la fachada del edificio donde le había dejado el taxi y leyó para sus adentros el cartel de la puerta del portal "Calle Zaragoza nº 15". Sí, éste era el sitio que Sor Marissa, del orfanato, le había dicho.

Sor Marissa era la única monja del orfanato con la que Clarissa se había llevado bien en los 4 años que había tenido que vivir allí. Ella era la única que había comprendido la necesidad de Clary de saber donde estaban sus hermanos, de encontrarlos y vivir con ellos. Sor Marissa se había ofrecido a buscarle un piso donde vivir cuando llegará a Sevilla. Tenía un amigo que era propietario de un bloque de pisos y le había ofrecido que viviera en uno en el que nadie quería vivir. No sabía como era el piso, pero siempre sería mejor que nada.

De pronto salió un hombre del portal y se dirigió hacia ella.

-Tu debes ser Clary ¿No?- Clary asistió.-Soy Ricardo, el amigo de Sor Marissa y dueño de este edificio. El piso en el que vas a vivir está en la última planta. Es un 4º piso sin ascensor, pero está bastante bien. Acompáñame y te lo enseño.- Clary fue a coger sus maletas.-No, Clary, deja que yo te lleve las maletas. Tu debes estar cansada- dijo el señor Ricardo.

-Gracias Don Ricardo- contestó Clary amablemente.

Clary siguió al señor Ricardo dentro del portal. Quería entrar a su nueva casa y descansar un rato. Le daba igual como fuera el piso, sólo quería descansar.

CONTINUARÁ...